El ovillo

Algunos objetos son llamativos porque desentonan en el entorno. Es como si los hubieran dejado a propósito.

En esta vereda veo un pequeño ovillo de lana blanca. El cordel que se desprende del ovillo se extiende hasta la esquina donde se revuelve sobre sí mismo dibujando un garabato a la sombra de los árboles. A pocos metros de ahí, en la zanja, hay restos de comida, botellas vacías y bandejas descartables de aluminio.

Me acerco y me inclino para verlo en perspectiva. La imagen resulta graciosa. A pocos centímetros del ovillo, el caminito de lana blanca se abre paso prolijamente entre dos heces de perro.