Perros

Llegue a esta esquina, donde terminan las obras. Un auto dobla y esquiva el cartel obligándome a apartarme, se detiene en la entrada de una de las casas. Por la vereda de enfrente se acerca una señora desde la derecha, la a pocos metros un hombre. Al principio pensé que venían juntos. Desde la izquierda se acerca otro hombre panzón. La señora arranca una flor y la huele. Los cuatro nos cruzamos en la calle, los hombres siguieron su curso y la señora dobló y ahora camina detrás de mí.

Mientras escribo esta nota, desde una de las casas vuela una pelota de fútbol y pica justo frente a mí. Con tal suerte cae dentro de una zanja y se mete en el entubado. A pocas cuadras de mi casa y tras unos pocos minutos de recorrido, me encuentro con un brazo dentro de la cañería de la zanja intentando alcanzar la pelota gastada. La señora de la flor se detiene a mirarme y hace algún comentario o me pregunta por la pelota.

Desde la casa de donde salió la pelota salen ahora un chico y un gran golden retriever. Le alcanzo la pelota y me agradece. El golden retriever enloquecido comienza a ladrar toreando al perro del vecino que respondía del otro lado del cerco. El ruido de ladridos hace imposible sostener cualquier diálogo, la señora retoma su camino y yo hago lo mismo.